lunes, 9 de septiembre de 2013

Circunferencias


Así como Fabiene deseaba tener una barriga porque le haría más hermosa, Ariane la tenía. Una barriga compacta con un perfil de arco, trazado con un compás, que jugaba con sus otros círculos e iba ganando. Ella, amiga y aliada de Pi, en la más curiosa y perfecta concepción del término, bailaba con sus sonrisas -otra vez arcos que retaban las rectas- el agua. Removía el agua y creaba torbellinos y la sala, extenuada por los giros y virajes, esperaba su cese para irremediablemente ansiar de regreso su vuelta.




Escribir no es más que...


Escribir no es más que hablar. Con lo bueno y lo malo de ser impersonal, distante y diferido. No se puede interactuar, por lo que no hay opción de matizar o redirigir el mensaje, pero gracias a dios por no interactuar: el discurso es el de uno y no hay posibilidad de perderse, desorientarse o navegar.
Al ser impersonal se pierde la prosodia. Se pierde y se gana: la pone el lector. También pone el lector los significados a veces creciendo infinito el texto gracias a sus propias vivencias, talento, emoción, errores al interpretar, sinergias. El lector elige, normalmente sin saberlo, la solución ante la ambigüedad.
Entonces escribir no es solamente escribir sino también es leer, es la lectura del otro (primeramente la propia del autor).
Gracias lector por leer, interpretar y elegir tu mejor solución de mis palabras.

martes, 3 de septiembre de 2013

Horóscopo


Buscó la última página y allí el horóscopo:
"Acuario: debes cuidar tus relaciones amorosas."
Una sonrisa de soslayo: obvio:
cuidar por si va mal y cuidar más,
por si va bien.


*que lo obvio no siempre es fácil ni siempre tan obvio
  que se puede estar ciego a lo visible 
 (que lo obvio a  la razón, quizá es oscuro a la emoción)


martes, 27 de agosto de 2013

Una mirilla de ojo de gran pez


-Si empiezas a tocarme así, voy a querer que me folles.

-Si empiezas a hablarme así, voy a tener que follarte.

Es uno de esos diálogos que funcionan. 

Aunque a mí cuando los dicen, en la película me suenan como impostados. Algo te choca en la cabeza: esas cosas no pasan. Pero sí pasan, se lo escuché al nuevo vecino y a su amiga a través de la pared. Claro, uno se queda un poco sorprendido. Y mira al otro lado de la cama, desierto, y tiene que pensar que algunos tipos tienen suerte.

Mucho más frustrante es lo que vino después.

El silencio.

El silencio seguido de trompicones y un portazo. Y gritos de mujer.

-¡Eres un hijo de puta! No se te ocurra volver a llamarme.

-¡Estás loca!

Corrí hacia la mirilla, con una mezcla de curiosidad y responsabilidad desfacedora de entuertos -o eso me gusta pensar-, pero sólo llegué a ver como una cabeza con moño deshecho y despeinado se perdía rápidamente por las escaleras. Desapareció y sentí tremenda ausencia y gran nostalgia. Es decir, de repente un vacío. Un vacío más grande que una cama desierta, que una resaca hueca. Un vacío más grande que una llaga por la quinta paja y aún no son las once.

Eso era frustración detrás de la mirilla. Había ido a mirar los problemas de otros y me encontré con los míos. Me encontré conmigo mismo. Y me vi solo y sin fuerza.

Desangelado. Congelado. Roto.

Algunos diálogos funcionan en la vida y también en las películas. Algunos sentimientos no valen siquiera para los poemarios, porque no queremos sentirlos, queremos que se vayan y no existan.

Miré por la mirilla y ella aún esperaba al ascensor. Con su moño deshecho y despeinado y su vestido de noche mal dispuesto. Debí hacer ruido al apoyarme en la puerta por el ímpetu, porque giró sobre sí misma y encaró hacia mi casa. Más sorprendido que asustado o más avergonzado que temeroso, me agazapé, como el niño que acaba de romper un jarrón y niega la evidencia.

No se oían pasos ni se oía nada, así que volví a la mirilla y allí estaba. Abrí con cuidado y no recuerdo si llegué a pensar en alguna frase. Sé que no llegué a articular una palabra.

-¿Es que no vas a dejarme entrar?



viernes, 23 de agosto de 2013

El día más inverosímil

El día más inverosímil, el pegaso levantó el vuelo para evitar la envestida del violento unicornio. Mirándole fijamente a los ojos mientras el salto, veía la rabia -alguno diría que era miedo- en sus grandes pupilas dilatadas, inyectadas de sangre.

El pegaso cabalgó las nubes, pesaroso. Miraba en su marcha al ya pequeño unicornio, ya diminuto, resignándose, pensando en el pasado..

-Pegaso, estoy hecho polvo.

-¿Que te parece si te hago un masaje con mis alas?

-¡Genial! Y tú, ¿quieres algo?

-Pues ahora que lo dices.

-¿Sí?- cómplice.

-Pensaba en la unicidad de tu cuerno.

-¿Sí?- suspicaz.

-Me gustaría probar su magia.

Ahí es cuando el unicornio relinchó y cuando cargó.

-¡Estrechaaaaaaaaaaa!

martes, 20 de agosto de 2013

Ser poeta

-Ser poeta es celebrar la vida- dijo con voz henchida al aire en su habitación de persianas plásticas bajadas.

-Ser poeta es celebrar la vida- dijo con voz apagada.

domingo, 18 de agosto de 2013

Se le cierran los ojillos


Se le cierran los ojillos irremediablemente.

-Tienes la lengua de periquito- mientras le toca la punta de la nariz.

Se le cierran los ojillos y rueda por una ladera de verde de hierbas y claros y cañas, allá donde el río.
Rueda y se desliza, por tramos, sin fin -sin fines-. El pasto es ahora un lienzo azul como un pantano, quieto, y ella genera las ondas al pasar. Todo se mueve rápido, pero es tan progresivo que es calmo: rebaja el ritmo de su respiración.

-Que tengas dulces sueños.

Y se apaga la luz.